Lo ideal es que, a partir de niñas al principio crezcan chicas bonitas, que después se conviertan en madres jóvenes, en mujeres sabias y en buenas abuelas. Sin embargo, la responsabilidad por su educación no sólo reside en los hombros de la madre, sino que también en los del padre.
El padre más ordinario (que es lo que debería ser) debe hacer crecer no sólo a su hija menor de edad. Él tendrá que educar a la amada de alguién, es decir de la madre e incluso de la abuela. Y sin un enfoque especial aquí no será suficiente.
1. LA RESPONSABILIDAD
Se debe comenzar primero con la responsabilidad, porque, como todos entendemos, hay que responder por las acciones. Incluso una niña pequeña, esto debe entenderlo. Por ejemplo, ella debe ser claramente consciente de que es posible soñar con un vestido, y cuándo el tiempo no es el más idóneo para este propósito.
Esto es necesario, para que la hija ya adulta se convierta en una compañera fiable con el que decida vivir su vida. Ella debe ser una amiga fiel, y no aquella que en el momento crucial quiera un vestido.
2. LOS VALORES FAMILIARES
El padre debe enseñar a su hija a amar y respetar a su madre y abuela. Porque los niños que aman a sus padres, serán padres que amarán a sus hijos.
Ahora, la institución de la familia no funciona como debe de ser, lo que conduce a que aparezcan personas solitarias. La soledad es una consecuencia de su infancia, donde sencillamente no les amaban. Estas personas, que antes les daba verguenza compartir con los padres sus vidas, se convirtieron en adultos que se averguenzan vivir con su propia vida.
3. LA BELLEZA
Es muy importante enseñarle a la hija lo que es la belleza. Si, justamente el padre, y no la abuela ni la madre, es el que debe de hacerlo. La madre le podrá explicar cómo aplicar el maquillaje o qué vestido ponerse en la noche, pero el sentido de la proporción debe enseñarle su padre, porque en el futuro será el gusto masculino que será la medida (o el patrón) de la femeneidad de la hija mayor de edad.
Lo más importante es explicarle que la belleza es la falta del exceso, mientras que su presencia, es la vulgaridad.

